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Paideiando, que es gerundio…

La mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original

Del compás a «El Principito»

Tic, tac; tic, tac… Las agujas del reloj van pasando estos días más rápido que de costumbre, recordándome que termina una etapa -una larga y productiva etapa-.

El viernes, apenas dos días, concluirán la fase de profundización en un ámbito que me ha enseñado mucho y me ha permitido conocer a varias decenas de niños y jóvenes cuyo compás en la vida vino determinado por su día de debut como diabéticos. Gracias a cada una de las familias que me cedieron un ratito de su tiempo para hacer posible una tesis que este viernes verá la luz.

Ahora bien, es necesario vislumbrar una nueva etapa tras el cierre de una anterior y, en mi caso, la vengo contemplando desde hace ya tiempo ¡y qué bonita que es! Va por vosotras, Estefanía y María… como bien me enseñasteis: los sueños son de quien los persigue. Por ello y por todo lo que está por venir, me subo a la avioneta del aviador francés en busca de la esencia del sombrero.

Despegando en 3, 2, 1… ¡Y a volar! ¡Sígueme!

¡Feliz 2017!

31 de diciembre, día de reflexión, propósitos, autocrítica y rememoranzas de los 366 días previos (que tocaba bisiesto este año).
De un día para otro, pocas cosas suelen cambiar, por tanto, dejo de lado las plegarias que inundan redes sociales deseando que acabe ya 2016, como si hubiera sido culpa del número los acontecimientos que con éste hubiesen venido y me quedo con lo bueno, a nivel personal, de lo que tanto he podido aprender y me ha ayudado a crecer; y con lo malo, que debería llevarnos a reflexionar y plantearnos cómo cambiar, entre todos, en pro de un mundo más JUSTO para TODOS.
El mundo se viene abajo, dicen algunos… Trump(antojos), PPSOE, Alepo, camiones sin personas que arrollan personas, etc. Pero la EDUCACIÓN la tenemos en nuestras manos, es nuestra, aunque nos la traten de arrebatar: somos padres, hijos, hermanos -y algunos, como yo, tenemos la suerte de ser docentes- y es ELLA, tal y como diría Mandela, la única y verdadera ARMA que tenemos para cambiar el mundo y, guiño scout, “dejarlo siempre en mejores condiciones a como lo encontramos”. Así que, amigos, no la olvidemos. Seamos educados y eduquemos, en la medida de lo posible, para que esta lacra social, quede atrás… muy atrás.
Por otra parte, vaya AÑAZO, siendo un tanto egoísta. ¡Qué 23 de abril más increíble! Que va a quedarse con nosotros para siempre. Si ya era importante el día del libro y la rosa en Villa Verdejo-Quesada, ¡ni qué decir a partir de ahora!
Luego, no puedo olvidar a mi pequeño soñador, quien ya esboza sus primeras, segundas, terceras… infinitésimas palabras, que suenan a gloria. ¡Cómo me gusta que no calle! Y cuánto deseo que siga así TODA SU VIDA. Así de feliz, de auténtico, de MAESTRO de todos (él no olvida que tiene también la educación en sus manos, y se encarga de ilustrarnos cada día).
Y finalmente, lo que está por llegar, que promete ser igual o más alentador que hasta ahora: fin de ciclo doctoral, inicio de sueños docentes, aulas hospitalarias y, esperemos, pequeños maestros que sigan endulzando nuestro día y a día y enseñándonos que, si queremos, entre todos juntos, podremos conseguir alcanzar el horizonte.
Amigos, FAMILIA, que el 2017 os traiga todo lo bueno que merecéis, que es mucho, y nos siga enseñando, enseñando, enseñando… a ser, cada día, un poquito mejores.

El origen del cambio

Nelson Mandela reconocía que la educación era la mejor herramienta con la que contábamos para cambiar el mundo; idea que matizó, a su vez, Paulo Freire, añadiendo que más bien se trataba de la herramienta que cambiaría a las personas que, a su vez, serían quienes cambiasen el mundo.
En definitiva, estos dos autores, al igual que tantos otros expertos en la materia, vienen a decirnos que la EDUCACIÓN es motor de cambio, es, en sí misma, el ORIGEN DEL CAMBIO.

Es a partir de ella que llegamos a formarnos como personas, a la par que vamos adquiriendo una serie de destrezas, habilidades, actitudes y conocimientos -buenos algunas veces, otras quizá no tanto- que nos hacen ser quienes somos.

La educación, es como tal, un ejercicio dinámico, que vamos adquiriendo a lo largo de todo nuestro proceso vital. Y nosotros, las maestras y maestros, tenemos el privilegio de ser guiar y acompañar en su proceso educativo a niños y jóvenes que, diariamente, nos hacen partícipes de su descubrimiento personal.

Por ello, tenemos en nuestras manos un gran poder que, tal y como diría el Tío Ben, conlleva una gran responsabilidad por nuestra parte. En mi caso, quiero adquirir esa responsabilidad retornando a mis orígenes, a mi deseo primigenio de cambiar el mundo que me trajo hasta aquí, a hacer esta carrera y seguir formándome para ser, cada día, mejor persona y profesional. Y para poder ver el día de mañana, con orgullo, cómo mis alumnos consiguen hacer de este mundo un lugar mejor cada día.

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Hoy, más que nunca, como siempre. Todos unidos por una Educación Pública De Verdad.

3 horas y 21 minutos

¡Empieza la aventura!

Para lograr un sueño hay que perseguirlo y perseverar en él, sin perderlo nunca de vista, por difícil que parezca.

Cuando era pequeña, ponía a mis muñecos frente a mí y les explicaba lo que habíamos dado en clase ese día -sin embargo, cuando alguien me preguntaba que qué quería ser de mayor, respondía contundentemente que MÉDICO, sin lugar a dudas-.
Luego llegó “mi muñeco” particular, también conocido como Carlos, mi hermano pequeño. Y pensé… para qué enseñar a los muñecos, si a fin de cuentas, no parece importarles mucho el tema, pudiendo ser la “seño” de mi hermano. Y éste sí que me hizo caso… y tanto.

Sin embargo, tras no mucho tiempo, me di cuenta de que era yo quien realmente estaba aprendiendo de él, y descubrí el placer que suponía la enseñanza, pues te permitía aprender a la par que enseñabas a otros… ¡Y gratis!  Y comencé a verlo claro, y puse todos mis esfuerzos en ello -con el apoyo constante de mamá Antonia quien, en los momentos críticos, sin decir nada, siempre sabía cómo guiarme hacia donde yo quería llegar-.

Entonces llegaron las clases de guitarra, las tardes de clases particulares, el análisis morfosintáctico, las clases de verano para niños (y no tan niños), las noches de baby-sitter y “mamá” a domicilio, y Diego, y Gema, y Fátima y Antonio y Lidia y Pablo y los gemelos y Carlos y Gabi y Víctor e Ignacio e Inma… ¡Mamma mía!

Y la facultad, obviamente, yo sabía que la mía no podía ser otra que la de Ciencias de la Educación (a pesar de las constantes insinuaciones de la de traductores, ¡casi lo consigues y todo, zalamera!) , y allá que fuimos, mi padre y yo, yo y mi padre -dos catetos en la ciudad, y con tanta honra y orgullo que no nos cabía en el pecho, presumiendo yo de él y él de mí, y la de veces que nos quedan que presumir el uno del otro-.

Y comenzó la diplomatura en Educación Infantil, y la licenciatura en Psicopedagogía, y el máster en Psicología Social y el doctorado en Psicolog… Ciencias de la Educación, que no vale desviarse del camino, bendita burocracia, hasta tú vas a serme útil en el camino.

Me pasé de la media… pero esta vez no ha sido en sentido positivo.  Ha sido mi primer tiempo, una ronda de autoconocimiento, como en una primera marathon, esto es solo un entrenamiento -prometo ir mejorando mi marca personal-.

Ahora, con la mano firme y un objetivo tan idílico al final del camino, iniciamos la aventura contando, además, con la mejor de las compañeras de viaje, con las magníficas aportaciones de mi gran marido, copiloto en este soñado viaje espaciotemporal -TARDIS incluida- y las pilas que nos recarga cada sonrisa del pequeño Héctor, sobre quien recaerá cada una de las locas ideas que se nos vayan ocurriendo a lo largo de este viaje, esperemos le sean gratas.

Por todo ello, y parafraseando -a mi manera- al incomprendido Darth Vader:
– “Que los sueños te acompañen.”

“Cuando nada es seguro, todo es posible”

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