Nelson Mandela reconocía que la educación era la mejor herramienta con la que contábamos para cambiar el mundo; idea que matizó, a su vez, Paulo Freire, añadiendo que más bien se trataba de la herramienta que cambiaría a las personas que, a su vez, serían quienes cambiasen el mundo.
En definitiva, estos dos autores, al igual que tantos otros expertos en la materia, vienen a decirnos que la EDUCACIÓN es motor de cambio, es, en sí misma, el ORIGEN DEL CAMBIO.

Es a partir de ella que llegamos a formarnos como personas, a la par que vamos adquiriendo una serie de destrezas, habilidades, actitudes y conocimientos -buenos algunas veces, otras quizá no tanto- que nos hacen ser quienes somos.

La educación, es como tal, un ejercicio dinámico, que vamos adquiriendo a lo largo de todo nuestro proceso vital. Y nosotros, las maestras y maestros, tenemos el privilegio de ser guiar y acompañar en su proceso educativo a niños y jóvenes que, diariamente, nos hacen partícipes de su descubrimiento personal.

Por ello, tenemos en nuestras manos un gran poder que, tal y como diría el Tío Ben, conlleva una gran responsabilidad por nuestra parte. En mi caso, quiero adquirir esa responsabilidad retornando a mis orígenes, a mi deseo primigenio de cambiar el mundo que me trajo hasta aquí, a hacer esta carrera y seguir formándome para ser, cada día, mejor persona y profesional. Y para poder ver el día de mañana, con orgullo, cómo mis alumnos consiguen hacer de este mundo un lugar mejor cada día.

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Hoy, más que nunca, como siempre. Todos unidos por una Educación Pública De Verdad.
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